"La inquisición blanda es terrible, torturas de sémola, hogueras de tapioca, arenas movedizas, la medusa chupando solapada. Y en el fondo, demasiada piedad" (Rayuela de Cortazar)
Un elefante se balancea en la tela de una araña y un personaje de sudosos amoríos con el servicio militar proclama: la vida civil nos vuelve mediocres. Y a pesar de lo sospechosas que parecen sus palabras, la mediocridad queda dando vueltas en la cabeza, apelando a una solapada culpa y a un morbo de suspicacias repentinas... Un pedazo de manzana atravesando la garganta que salva y condena. Y la pregunta es ¿quines son los inocentes? Todos, hasta que se pruebe lo contrario. El que nada hace. nada teme, dice un ciudadano distraído y la medusa chulapada levanta su dedo inquisidor y tira la primera piedra dispuesta a arrasar con todos los tejados de vidrio.
No viene al caso generalizar, pero si resulta divertido, a modo de advertencia, mencionar los cascabeles de la mediocridad: falta de iniciativa, incapacidad para improvisar y enfrentarse los hechos inesperados, percepción acomodaticia y extremadamente influenciable, inconsistencia entre las acciones y las convicciones, incomodidad frente a las propias emociones e instintos, incapacidad para tomar decisiones y ejecutarlas, y, por sobretodo los síntomas anteriores, constante evasión de las culpas, las responsabilidad y hasta la propia conciencia. "Mi mamá me dijo", "salió en la tele", "me manipularon", "cumplía órdenes" son los argumentos que los des autonomizados ocupan para justificar su exceso de posmodernidad.
Esta última, traumada por la derrota perpetua, ha despreciado la disciplina porque suena a milico y amaestra de biología con varilla en mano. Pero no se trata de la disciplina del deber, sino de la disciplina de la pasión. La alegoría moderna del derecho a la autodeterminación. Sapere Aude, para Kant. Historia para Marx. Voluntad de Poder para Nieztche: ¿Se imaginan tan solo a los 28 mil estudiantes de la Universidad de Chile marchando por la Alameda? Un acontecimiento nunca visto en nuestros años arco iris.
¿Se imaginan, entonces, a todos los estudiantes universitarios movilizados a lo largo de todo el país, al mismo tiempo y por la misma causa? En un par de días tendríamos Arancel Diferenciado.
Al final, la viabilidad de nuestros proyectos no radica en sus tecnicismos políticos, sino en la inocencia, la fe y la voluntad de los propios estudiantes. Aunque suene a panfleto. Esta es la magnitud de nuestra propuesta: otro futuro es posible siempre que alguien esté dispuesto a construirlo.
