RELIGION

Enviado por Francisca Licarayen el 28 septiembre, 2007 a las 17:40
Etiquetas:
Francisca Licarayen

Viernes 12 de Mayo del 2006

Cuando tenía 11 años tuve mi primer encuentro con el mundo católico. Entré al Sagrado Corazón de Talagante donde no aceptaban a estudiantes no bautizados. Mi hermana y yo fuimos la excepción. Yo ni siquiera sabía persignarme aunque rezaba desde los siete años. No se porqué empecé a rezar pero como no conocía iglesia alguna, inventé mi propio ritual. Solo recuerdo el final de la oración "Señor, cuida a mi familia, a mis amigos, a mis animales y a mis peluches", entonces cruzaba los dedos y apoyaba las manos sobre el corazón. Así dormía todas las noches. Debo tener los dedos chuecos porque ya es un acto reflejo cruzarlos al dormir o al caminar sola de noche o al viajar en un bus. A veces atino y evito que el ritual se convierta en un hábito sin sentido. Pero es una amenaza permanente. Entonces trato que cada acto cotidiano se convierta en un ritual. Es más fácil con música. Aún no logro que el murmullo callejero me provoque lo mismo que el Requiem de Mozart. Excepto en algunas circunstancias: cuando estoy sola en la inmesidad de la naturaleza virgen, cuando camino sola por Santiago con todo el tiempo libre del mundo y cuando voy a las protestas. Como dice Neruda, cuando soy infinita porque siento que no termino en mi misma. Hace años, en el concierto por los 25 años de la muerte de Allende, se apagaron las luces y se encendieron miles de fueguitos. Un amigo me dijo: es lindo cuando la gente se convierte en un cielo estrellado.

Publicidad por Bligoo.com

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS