Viernes 11 de Mayo del 2007
- Aqui falta gente joven - murmura la secretaria de la Junta de Vecinos.
Sutilmente mira hacia los lados, vigilando que nadie la escuche y al mismo tiempo, tratando de esconder su temor a ser descubierta.
- Aqui todos los talleres son para los adultos mayores - continua con un poco de coraje y confianza - hay dos no más para niños y son deportivos. Mi hijo es más sensible y aquí no tiene espacio.
En el fondo nos dice: ¡aquí solo caben los viejos!
Pero la vieja sospecha y se acerca a nosotros cerrándonos el paso. Es la tesorera, la típica vieja culiá, no hay duda alguna. Lleva años apernada en el mismo cargo. Desde la última elección vecinal que ya nadie recuerda.
- ¿Qué desean? - pregunta con una mueca que nunca tuvo la intención de ser sonrisa.
- Nos gustaría hacer talleres, replicamos alegremente.
- ¿talleres de qué? - pregunta con desdén
- de literatura, de cine, de fotografía - respondemos con inmutable entusiasmo.
- ah, no, es que el arriendo de las salas es muy caro!
- ¿Cuánto valen?
- no, es muy caro!
- ¿Cuánto?
- Además los horarios están completos -
- Pero quizás podemos meternos a un taller?
- No, están todos copados, ya no hay cupos -
- Igual queremos presentar un proyecto!
- Vayan a la municipalidad mejor, allá les pueden prestar una sala -
- Pero si nosotros vivimos acá, somos del barrio!
(Francisca apenas puede aguantar la risa y a Jaime se le acaba la paciencia)
- Es que acá no hay espacio, vayan a la municipalidad mejor. -Insiste la vieja culia-
- Bueno, pero al menos podemos inscribirnos en la junta...
- ¿Inscribirse para qué?
- ¡Para participar poh señora!
(Contesta Jaime rabioso, mientras Francisca se ríe anonadada)
- Ah, si, pero tienen que pagar todos los meses. Aquí mucha gente se inscribe y despues...
- ¿Cuanto?!!!
- 300 pesos!
- Bueno, nos vamos a inscribir igual!!
Repetimos los dos al unísono. Dispuestos a defender el último reducto de nuestros derechos ciudadanos.
- ¿los dos?
- si, los dos -
Nos hace pasar a una sala, donde está el octogenario presidente de la Junta de Vecinos. Mueve papeles de un lado para otro sin sentido, camina en círculos, visiblemente molesta, alargando inútilmente los minutos, aferrándose tenazmente a la madeja invisible de su pequeño poder.
Hasta que por fin sonríe victoriosa:
- ¿no trajeron certificado de residencia, verdad?
- No - suspiramos derrotados.
- Entonces tendrán que volver otro día - Ahora su sonrisa deja de ser una mueca, se asoma por primera vez, verdadera.
Lo que ella no sospecha es que ha desatado una guerra a muerte. Volveremos una y otra vez, y no descansaremos hasta que el último ciudadano de la Villa Olímpica se inscriba (ahora los niños mayores de 14 también pueden votar). ¡Y realizaremos nuestro taller! ¡De lo que sea! ¡Literatura, cine, cocina, tarot, chino mandarín, relaciones internacionales, sexo tántrico, alcachofas hidropónicas, autocultivo de marihuana!
