"Hay viejos culiaos que no creen
que un poema se pueda decir: viejo culiao"
Mauricio Redolés.
Los "viejos culiaos" han sido desde siempre los patronos de la moral y las buenas costumbres. Se les reconoce desde lejos porque predican, acusan y vociferan contra todos sus congéneres a su alrededor. Nadie está libre de pecado, excepto ellos mismos, por supuesto, que tiran piedras a destajo. Tiran piedras como enajenados. Porque todo el mundo sabe que los viejos culiaos, juzgan y pecan, pero jamás se dan por aludidos. Son los hipócritas por excelencias. Los inconscientes en el nivel más bajo de la evolución. Cero autocrítica.
En mi edificio hay una. Una sola, gracias a Dios. Hasta hace poco, fue la presidenta de la junta de vecinos. Fue elegido por descarte: "Ya poh, tú que reclamai tanto, hazte cargo", le dijeron los demás vecinos. Pero renunció a los seis meses, no sin antes insultar a gritos a medio mundo. Nunca tuvo argumentos, menos tuvo la razón, pero su lengua venenosa disparaba mierda con ventilador.
Una amiga decía, no hay nada peor que tropezarse con un "viejo culiao". No hay como sacárselo de encima. "Viejos no culiados" precisaba mi hermana, haciendo alusión a que la falta de sexo provocaba su amargura. Los "viejos culiaos" te retan en el supermercado porque tomas el pan con la mano; reprenden a los niños en la calle porque hacen ruido y se ensucian la ropa; detestan a los perros callejeros y si ven pasar a un pokemón, un punkie o un hip-hopero, menean la cabeza de un lado a otro y murmuran que las nuevas generaciones ya no tienen salvación. Mejor ni pensar en alguien radicalmente distinto como homosexuales o inmigrantes, esos son los hijos del diablo mismo.
Convertirse en un "viejo culiao" es un riesgo permanente. Los niños crecen, los jóvenes maduran, los adultos suman responsabilidades; y en el camino tienen dos opciones: aprender o estancarse; renacer o aferrarse al dolor; darse la oportunidad para vivir la vida como una aventura por sencilla que sea, o quedarse con el valle de lágrimas. Hay viejos bacanes como Nicanor Parra que llegan a los noventa años con una lucidez y una vitalidad contagiosa; porque nunca dejaron de aprender, nunca perdieron la capacidad de asombro. Porque los "viejos culiaos" en el fondo, son la concentración de lo peor de nosotros mismos. Es llegar a viejo y haberlo perdido todo en el camino.
"Quiero llegar a viejo, pero no a viejo culiao"
Voy a escribir mi teoría de los viejos no-culiaos en el Pájaro verde :P